los-ninos-tambien-viven-el-duelo

Los niños también viven el duelo

LOS NIÑOS TAMBIEN VIVEN EL DUELO

La mayoría de los padres en relación a los temas de enfermedad, de accidentes, de dificultades, de adversidades y sobre todo la muerte, toman una postura de sobreprotección a los hijos, actuando y evitando que los niños conozcan y se enteren, sobre todo, de cuando muere un ser querido. Sin embargo, la mayoría de los niños ya conocen la muerte y juegan con ella. Algunos expertos hablan según estudios, que a los 18 años de la vida de un niño ya ha presenciado cerca de 18,000 muertes que aparecen en las películas, los juegos, los dibujos animados, los libros, juegos interactivos y programas de televisión. Las muertes reales que nos enteramos en las noticias y las muertes personales del propio niño por los miembros de la familia o de las familias de otros niños en la escuela.

Cuando los niños ven un pajarito muerto o algo muerto en la calle, están presenciando la realidad de la muerte. Los adultos intentan proteger a los niños de la muerte y con ello es inútil. Los adultos deben darles la oportunidad de aprender de la muerte y aprovechar las oportunidades que la vida nos presenta y nos presentará, como de los sucesos que ocurran en familia, para enseñar a los hijos los conceptos básicos acerca de la muerte y del profundo dolor y de la tristeza que esta causa.

Cuando los niños aprenden sobre la muerte y el dolor que ésta provoca de una manera natural y sensible, desarrollan una buena capacidad para afrontar las verdaderas crisis en el futuro. Los padres deben de ser francos con sus hijos cuando ocurre una muerte en la familia. Los secretos familiares sólo hacen que los niños se sientan más asustados y ansiosos. Además, los secretos no duran demasiado y provocan muchos conflictos a largo plazo.

Cuando llega el momento de hablar con los hijos de la muerte, la mayoría de los adultos se inspiran en las experiencias de su niñez. Si al adulto se le ocultó una muerte importante o se le protegió del dolor que causa ésta, se tenderá a emplear un enfoque parecido.  Estas posturas no favorecen ni preparan a los niños para la verdadera eventualidad de la muerte.

Las familias que comparten sus sentimientos desarrollan un sentimiento de proximidad y de interés mutuo. Decir a tus hijos que a veces te sientes enojado, dolido, triste, confundido e indeciso, es una manera positiva y sana de manejar la vulnerabilidad y de transmitirles que se vale compartir los sentimientos y se podrán abordar temas fuertes y serios incluyendo el de la muerte.

La percepción de la muerte en los niños

Los niños perciben y reaccionan ante ella de muy distintas maneras. Dependerá de la personalidad, la sensibilidad, de la habilidad para enfrentarse a situaciones difíciles y principalmente al nivel de desarrollo y la capacidad del pensamiento abstracto, es decir, de la edad del niño.

Hay dos percepciones básicas:

  1. La percepción específica, es en la que los niños pequeños (2 a 5 años) ven a la muerte como un incidente concreto. Solo el que se murió, es el que muere. No piensa en la muerte de manera abstracta y global.
  1. La percepción literal significa, que el niño se toma todas las palabras que oye de forma literal, las experiencias que vive y las imágenes que ve. Ejemplos: “me he muerto de la risa” o “me vas a matar”, puede que no haga gracia a un niño pequeño.

Los niños captan rápidamente los sentimientos y las emociones de sus padres. Saben cuando éstos están ansiosos o preocupados. Los niños desean ser informados y tranquilizados por lo que les ocurre a los padres, y porque están en este proceso de aprendizaje de manejar las emociones.

Los adultos creen que los niños son demasiado pequeños para comprender la muerte, pero la muerte ejerce un importante impacto en ellos, no importando su edad, desde que son niños y en la adolescencia.

A continuación, se explicará clara y brevemente las percepciones y reacciones que tienen los niños ante la muerte, basados en lo que se conoce hasta el momento y agrupados por edades según su etapa de desarrollo, según Jean Piaget.

Bebés de 0 a 10 meses

La madre para un bebé es el principal vínculo con la vida y la fuente más importante de consuelo, seguridad y estabilidad.  Los bebés no pueden identificar concretamente una persona externa hasta que cumplen un año de edad, pero son expertos en reconocer el tacto, la calidez, el olor y el comportamiento de la madre mientras que ella lo cuida. Se establece un vínculo entre ambos.

Se cree que los bebés perciben la muerte materna como una “ausencia”. Los bebés viven en el presente. La muerte de su madre implica un cambio repentino. El vínculo se rompe.  Los bebés pueden responder en estar inquietos frente a los nuevos rostros y voces. Expresan su inquietud con conductas que incluyen cambios en los hábitos alimentarios, en el sueño, estar de mal humor y llorar constantemente.

Para los bebés, la muerte del hermano, padre u otro familiar no les es tan traumático como la madre, pero sí percibirá el dolor que ésta siente y reaccionará a él.

Una muerte en la familia interrumpirá las rutinas a las que está acostumbrado. Los horarios se verán modificados y el contacto físico y el tono de voz le será diferente. Probablemente reciba estímulos negativos que no comprenderá, pero sí los sentirá en el entorno.

¿Qué podemos hacer?

Mantener las mismas rutinas. Evitar ruidos raros o sonidos inusuales para que el ambiente familiar sea lo más parecido o siga siendo normal, a pesar de la pérdida.

Bebés de 10 meses a 2 años

Muchos bebés tienen la capacidad de expresar miedo, rabia, amor, cólera y celos a los 10 meses. Reconocen perfectamente a los adultos que hay en su vida. Pueden sentir los estados de ánimo y las emociones de los demás.

A los dos años de edad llegan a desarrollar las áreas de la memoria, el lenguaje y la socialización muy bien. El lenguaje sobre todo juega un papal importante de imitación y de literalidad.

Los niños de esta edad no pueden conceptualizar o comprender las implicaciones de la muerte. La muerte de la madre la experimentarán como una grave pérdida y la de los otros familiares no les afectará profundamente.

¿Qué podemos hacer?

Es importante mantener las rutinas, los horarios de la casa y los cuidados del bebé lo más normal posible. Las comidas, el juego, el contar cuentos y sostener al bebé debe seguir sin interrupciones. Repetir frases sencillas como “papá se ha ido”, “mamá ya no está aquí” puede ayudar a comprender la pérdida y, que ésta es la razón de los cambios en el hogar.

Niños de 2 a 5 años

No perdamos de vista que los niños están en constante evolución y por ello también su pensamiento.  Los niños de estas edades tienden a ser egocéntricos, extremadamente curiosos y tienen una forma muy literal de interpretar el mundo que les rodea.

Estos niños se tomarán lo que les digamos de un modo muy real. Usar explicaciones vagas o un lenguaje indirecto le confundirá, y es posible que aumenten la ansiedad y el miedo.

Los niños de esta edad tienen un concepto de muerte “divertido”, se muere hoy pero mañana no, la muerte como un estado temporal. La compararán como el dormir. En su mente la persona que ha muerto sigue comiendo, respirando y existiendo, y se despertará en algún momento.  La muerte es “reversible”.

¿Qué podemos hacer?

Definir la muerte como un hecho en que el cuerpo se detiene totalmente. Que una persona muerta ya no puede caminar, respirar o sentir.  Especificar que el cuerpo no volverá a despertar y explicar por qué se descompuso.

Los niños se verán motivados a hacer preguntas y a participar en las conversaciones familiares. Utilizar frases como, “la mayoría de las personas o los animales suelen morir muy, muy mayores”, estos múltiples “muy”, implicarán que la mayoría de los humanos gozan de larga vida y llegan a la vejez, aunque hay quienes no lo logran. Para los niños de estas edades los muy, muy mayores pueden ser desde los adolescentes hasta los adultos jóvenes y los adultos mayores.

Cuando hablemos de una enfermedad incurable utilizar nuevamente los “muy, muy…” y explicar que en la actualidad hay enfermedades que no se pueden curar, ya que hay diferentes niveles de enfermedad y enfermedades graves y enfermedades simples.

Compartir las emociones con los niños pequeños es más sano que ocultarlas. Está bien llorar frente a ellos y decir que estás triste. Hablar de las emociones no es señal de debilidad o vulnerabilidad, ser sinceros con nuestro estado de ánimo nos ayuda a sentirnos mejor. Dejar que los niños sepan cuando te encuentras enojado, triste, feliz, frustrado etc., los ayudará a reconocer sus propios sentimientos.

Niños de 6 a 9 años

Los niños de esta edad ya tienen grandes avances dentro de su desarrollo y de sus capacidades cognoscitivas. Conocen el papel que desempeñan en su familia, participan mucho socialmente sobre todo en la escuela y con sus compañeros, reconocen el lugar que ocupan con sus amigos en cuanto se forman equipos. Captan todos aquellos conceptos y consejos de controlar su conducta y reconocen todo aquello que es malo y bueno y forman sus propias opiniones.

Con todo este antecedente, el niño tiene la capacidad emocional y mental para conceptualizar el hecho de la muerte, y se ve reforzado principalmente por dos características:

  1. Ya distinguen entre la fantasía y la realidad.
  2. Ya pueden experimentar un sentimiento de culpa, desear sentir seguridad y consuelo.

Así pues, se hacen más conscientes del peligro y comienzan a cuidarse a sí mismos (no cruzar las calles, no jugar con fuego, no saltar de lugares altos, no salir solos en la noche y no hablar con desconocidos). Seguramente no expresan este sentimiento o incluso esté inconsciente en ellos, pero nos damos cuenta que está presente por la forma de abordar la vida cotidiana.

Implicaciones de la muerte para estos niños:

* La muerte siempre significará un cambio en la familia, cambia la dinámica familiar y los niños son muy perceptivos a ello. También reflejarán una preocupación en la escuela por como los tratarán sus amigos, ya que son “diferentes” y querrán pasar desapercibidos en este nuevo rol de tristeza.

* Los niños de estas edades comenzarán a experimentar nuevos sentimientos como: Tristeza, depresión, cólera, culpa, nostalgia, miedo y confusión. A veces estos sentimientos les son molestos, por ello, a veces no les hacen caso y los quieren desaparecer.  Aquí el adulto les ayudará a expresarlos y a sentirlos.

En ocasiones, muestran temor porque la muerte es para siempre. Enfrentan así, su propia condición como ser humano de ser mortal.

Cuando la persona fallecida es papá o mamá, los niños pequeños desarrollan de los temores más importantes, como es el del abandono, y la muerte de uno de los padres es razón suficiente para alimentar ese miedo en forma automática.

¿Qué podemos hacer?

Ser abierto y sincero con estos niños. Explícale las causas de la muerte de una forma sensible pero basada en los hechos. Ellos necesitan saber cuál es la causa de la muerte. Puedes relacionar este hecho con experiencias anteriores basadas en animales muertos o mascotas muertas en casa, por enfermedad o vejez…

Observa las reacciones emocionales, resérvate un rato para hablar tranquilamente con ellos sobre sus miedos y preocupaciones. Acércate a escucharlos, ya que esto hablará de su estado emocional.

Se enlistan algunos de los pensamientos más frecuentes en estas edades y las preguntas que se formularán frente a la muerte:

  1. Los niños repiten las mismas frases o preguntas.
  2. Empiezan algunas frases con:  Si solo….
  3. Se culpan por haber contribuido a la muerte.
  4. Desean que los tranquilices sobre el futuro.
  5. Preguntan qué le ocurrirá al cuerpo del difunto.
  6. Hacen preguntas relacionadas con creencias religiosas y culturales.
  7. Preguntan acerca de la salud y del bienestar de los otros miembros de la familia.
  8. Se plantean en voz alta su propia mortalidad.
  9. Preguntan qué les ocurrirá si alguien más se muere.
  10. Quieren saber cómo ha cambiado el papel que desempeñan en la familia a causa de la muerte.
  11. Expresan su preocupación en relación con el colegio o la falta de interés que tiene por él.
  12. Se preocupan de qué pensarán de ellos sus amigos y compañeros de clase y de cómo actuarán.

Hay que preparase para contestar estas preguntas. Ofrecerles toda estabilidad, seguridad y coherencia que se pueda, es decir, tranquilizarlos. Hacerlos sentir cómodos al hablar de la muerte y descubrirás que el miedo, la ansiedad, la tristeza y la confusión que se sienta frente al tema va disminuyendo poco a poco.

Preadolescentes de 10 a 15 años

El concepto de muerte de los adolescentes se parece al de los adultos. Los adolescentes saben que la muerte es permanente y podrán tener todas las manifestaciones emocionales y de tristeza como el adulto.

Contestar todas sus preguntas y dudas será lo mejor. No dar detalles morbosos de lo sucedido, pero sí podemos platicar de lo sucedido y ellos lo podrán organizar emocionalmente con sus propios recursos.

El acompañamiento de un adulto comprensible y confiable les será de gran utilidad, como pueden hacerlo sus padres, los maestros o incluso sus compañeros y amigos. Los adolescentes pueden aislarse de las actividades familiares y buscar soporte en sus pares.

La muerte permite al adolescente en duelo preguntarse sobre el significado de la vida. Algo cambia en el concepto de su propia mortalidad, con riesgo de desarrollar comportamientos tales como beber o ingerir drogas. Estos jóvenes tienen la capacidad cognitiva de revisar el pasado y contemplar las consecuencias de la muerte a largo plazo. El recuerdo de la persona fallecida puede generar incomodidad o culpa. Sólo se recomienda estar pendiente de estas conductas y reacciones, y si así fuera necesario, consultar a un especialista.

La muerte de un padre o un hermano puede cargar al adolescente de nuevos roles familiares, responsabilidades y expectativas de que se comporte como un adulto. Su sentido de responsabilidad y el deseo de proteger a los adultos afligidos resulta en una mezcla de mensajes.   Es en este período cuando se adquiere la conceptualización “adulta” de la muerte como un evento con cinco características:

  1. Universalidad
  2. Irreversibilidad
  3. No funcionalidad
  4. Causalidad
  5. Continuación no corpórea

Las creencias religiosas y culturales pueden ser reconfortantes

Las creencias personales religiosas o culturales pueden reconfortar a las personas que estén afligidas, incluyendo a los niños. Cuando a un niño pequeño le hables de Dios o de un ser espiritual más elevado, es importante presentárselos de una forma positiva y sin amenaza, ya que esto ayudará a disipar sus temores y a disminuir el trauma de la irreversibilidad de la muerte.  Iniciar estos conceptos con: “Nosotros creemos que cuando alguien se muere…”; evitar decir: “Se lo llevó por bueno o malo”, sobre todo con los niños pequeños.

Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Conferencia Presencial en Ciudad de México con Isabel Rojas Estapé

mañana-isabel

Diagnostico del siglo XXI

Perfeccionismo: ¿gran aliado o gran enemigo?

  • Día: Miércoles 6 de marzo de 2024

  • Horario: 10:00 a.m.

  • Modalidad Presencial
    Lugar: Casino del Bosque (Mayita)
    Av. Constituyentes 500 (Dentro del Lienzo Charro)