Cuento «Las mariposas de tía Malú»

Cuento «Las mariposas de tía Malú»

Era un día caluroso de Agosto…

Por lo que aprovechando el clima estaba con mi familia en el patio de mi casa. Victoria, mi hermena de 8 años jugaba con una  pelota, Natalia de 12 estaba con nuestro perro, mi mamá estaba hablando por  teléfono, mi papá estaba regando las plantas, y yo de 16 años estaba sentada  en el pasto leyendo el quinto libro de Harry Potter.

Paré un momento de leer para observar mi alrededor y cuando miré hacia las  flores que estaban al lado mío ví una magnífica mariposa de un color amarillo. Recordé que mi prima me había dicho que a mi tía Malú le gustaban mucho las  mariposas y al empezar a recordar todos los momentos que pasé con ella esbocé  una sonrisa.

Recordé esa vez cuando nos cuidó por una semana pues mis papás se habían  ido de viaje. El sábado cuando ibamos a misa, nos perdimos en el camino, era  de noche y a mi hermana y a mi nos dió miedo, entonces mi tía nos empezó a enseñar la canción de Cri – Cri “Canción de las brujas”, mientras la cantabamos  poco a poco se nos iba quitando el miedo hasta que todas estabamos muertas  de la risa. Recuerdo como deseaba nunca encontrar el camino correcto para  quedarme cantando para siempre.

Cuando iba a seguir leyendo volví a ver otra mariposa, esta vez de color azul  turquesa. Esa mariposa me hizo recordar el viaje que hice con ella a Mérida, en  ese entonces ella vivía ahí. Visité cenotes, pirámides, museos, espectáculos…  ¡Qué gran viaje! Y qué bonitos recuerdos. No pude evitar soltar una risa al  recordar los “Tacos de aire” que en realidad eran los Codzitos. Fuimos a un  restaurante, y mis tíos pidieron de todo para que pudiera probar toda la comida  yucateca posible, entre todos esos platillos habían unos tacos con salsa roja y  queso encima de ellos, fueron mis favoritos. Mi tía al notar esto le preguntó al  mesero que de qué eran, cuando el mesero nos dijo que no estaban rellenos de  nada, mi tía dijo: entonces son tacos de aire. Todos nos empecemos a reir y  desde entonces yo los llamé “tacos de aire”.

Cuando esa mariposa se estaba yendo, una mariposa rosa pastel estaba  llegando. Esa mariposa me recordó cuando estuvo en mi casa, en sus últimos  meses. Volví a sonreír pero esta vez fue una sonrisa nostálgica. Todos esos meses en donde a pesar de estar en la escuela, la pude conocer mejor y  escuchar muchas de sus experiencias y anécdotas.

– ¡Cami, ya a comer!

Al oír el llamado de mi mamá volví de mis pensamientos. Cerré mi libro, el cual  había dejado abierto todo este tiempo y mientras caminaba hacia la cocina me  puse a pensar en cómo unas simples mariposas me pudieron traer tantos  recuerdos, el como verlas me hizo sentir que mi tía aún estaba conmigo  cuidándome y siempre recordándome que a pesar de no estar físicamente  conmigo siempre estará en mi corazón.

Con amor  Camila 

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