Sobre Navidad

Sobre Navidad

La Navidad puede ser una serie de celebraciones muy complicada, sin fijarnos mucho viene acompañada de varias festividades: posadas, noche buena, recalentado, año nuevo y Reyes, es una fila de eventos que tiene una connotación muy fuerte de “la familia completa reunida”. Puede llegar a ser muy imponente cuando nuestro corazón duele por la ausencia de uno de nuestros seres queridos tras su muerte.

El primer año tras la muerte de mi hija Natalia, tratar de transitar esas fechas fue una tortura. En mi mente se proyectaban un millón de escenas que me producían mucha ansiedad desde meses antes. Mi corazón lastimado pensaba que la mejor manera de pasarlo era no hacer nada, hibernar y despertar mágicamente en la primavera. Sueño platónico e imposible.

Antes de que Natalia falleciera – un par de años después de mi divorcio y de aprender a turnarnos a los niños en esas fechas – habíamos adoptado como símbolo de esa temporada el Árbol de Navidad.

Ponerlo todos juntos era de mis cosas favoritas, no importaba si no pasaríamos las vacaciones en casa, siempre le apostamos con mucho empeño a la decoración y sin darnos cuenta se había vuelto algo muy emblemático para nosotros.

Natalia murió el nueve de enero, justo días después de la visita de los Reyes Magos. Llevábamos varios días en el hospital, al volver a casa y ver el árbol de Navidad fue algo grotesco. Ese ambiente de fiesta y familia que me recordaba, me producía un enojo interior intenso, yo sólo quería aventarlo por el balcón y nunca más volverlo a ver.

Me costó muchísimo trabajo y esfuerzo quitarlo, pedí ayuda porque era demasiado para mí en ese momento, pero seguirlo viendo era aún peor. Pensar en volver a ponerlo ese mismo año me revolvía el estomago. ¿Cómo podía ser que algo que antes me fascinaba, se convirtiera en un objeto de odio?

Conforme se acercaba diciembre, la ansiedad tomaba las riendas. Encontré un taller sobre como lidiar con esas fechas y no dudé en tomarlo. Algo dentro de mí sabía que necesitaba una mano para saber cómo “sobrevivirlas”.

Una semana antes de asistir a ese taller, había logrado bajar el árbol y comenzar a colocar las ramas. Mi árbol de navidad tiene la mala suerte de que se coloca rama por rama, y puede ser el infierno más grande si no estas disfrutando hacerlo. No conseguí sacar las cajas de los adornos, porque no tuve corazón para colocarlos, ni tampoco invité a los niños a ponerlos conmigo, porque dolía mucho y pensé que hacerlo sola podía ser más sencillo para todos.

Llevaba días el árbol armado, pero pelón, abandonado y lúgubre.

Llegó el día del taller, estaba lista para recibir la llave mágica con la que iba a pasarla bien en esas fechas. Duró un par de horas y escuché atentamente para recibir orientación clara y a prueba de error. Estaba equivocada pensando que repentinamente todo se iba a componer. Pero no todo fue perdido, lo que sí aprendí fue lo siguiente:

* Ponernos de acuerdo en familia:

Identificar individualmente qué nos gusta y qué no nos gusta de estas fechas. Para entonces sí platicarlo todos juntos, respetando las opiniones de todos. 

Dentro de la lista de lo que nos gusta vale encontrar:

  • ¿Cómo quieren hacerlo este año?
  • ¿Queremos nuevas tradiciones?
  • Quizá ¿Un giro a cómo lo hacíamos antes?

Llegar en conjunto a puntos intermedios donde estemos satisfechos todos.

* Establecer acuerdos:

Asignar quién va a encargarse de qué actividad y dividir la carga, para que sea algo hecho con cooperación, amor y unión. En equipo, como familia, va a ser mucho más llevadero hacer las cosas difíciles. No olvides hablar sobre la posibilidad de que alguien se quiera retirar durante el evento o que no se sienta bien anímicamente. Aprender a darle espacio a los sentimientos está bien.

* Estar pendiente de tus emociones:

Puede ser que te gane el llanto o que ya no quieras estar ahí, se vale retirarse y tener momentos de mucha sensibilidad. Lo bonito es aprender a compartir esas emociones con los demás, muchas veces callamos porque pensamos que contagiaremos el llanto, o nadie más esta pensando en eso.

Aprender a mostrarte vulnerable con los demás puede traer consecuencias hermosas.

* Intentar pasarla bien:

Dejar espacio para disfrutar aunque no esté nuestro ser querido. Habrá momentos que se sienta su ausencia, pero algunos donde será posible sonreír.

Yo disfruto esas sonrisas y me las saboreo, porque ya sé que vienen momentos amargos después, me sirven de salvavidas para los tiempos duros.

Así que al salir del taller me armé de valor y platiqué con mis niños.

Fue una platica muy emotiva, en la que todos hablamos de nuestros gustos y disgustos de las fechas. Ellos me dijeron que preferían el árbol decorado, que vacío estaba muy triste. Les expliqué que a mí me estaba siendo muy difícil hacer esta parte sin Natalia. En conjunto, logramos decidir ponerlo juntos y hacer decoraciones para incluir a Natalia en ellas.

Hacer las decoraciones fue terapéutico para todos, la creatividad y las manualidades han sido muy útiles para expresarnos, poder poner nuestro amor en algún sitio y hacerlo visible para nosotros.

 Unos días después colocamos todos los adornos juntos. Cuando terminamos fue inevitable que todos lloráramos, nos abrazamos mientras lo hacíamos (“un abrazo de familia” como ahora le decimos). A mi hija Renata se le ocurrió poner una película que le gustaba a Natalia y así terminamos de pasar el día.

 Nos permitimos ser vulnerables, expresarnos claramente y definitivamente nos unió como familia. No hubo una “llavecita mágica” para saltarnos lo duro, pero se hizo mucho más transitable.

Así que para la festividad de Año Nuevo decidimos, juntos como familia, que nos vestiríamos todos en pijamas y jugaríamos juegos de mesa toda la noche. Nos la pasamos padrísimo riéndonos mucho, no se sintió como los años anteriores, lo cual fue refrescante. De alguna manera para mi parte racional y emocional fue “más normal” que Natalia no estuviera en una dinámica distinta.

 Así hemos ido probando cómo mediar entre las cosas que amábamos hacer, maneras nuevas y dejar las que por ahora no nos significan tanto. Aprendiendo a disfrutar lo que podemos.

Cada año puede ser el perfecto para volver a ponernos de acuerdo, para crear más decoraciones, cambiar la manera de hacer esas festividades y seguir modificándolas hasta que estemos más cómodos. Cada año, en el duelo, van llegando emociones distintas, así que buscar creativamente el modo para transitar las fechas, ayuda mucho.

 Abrir la puerta al diálogo, perder el miedo a tener esa plática en familia y asumir esos momentos incomodos, ayuda a tener conversaciones importantes, al final ayuda a lidiar con lo que nos produce ansiedad.

Vas a sorprenderte de las respuestas, ayudará a que se conozcan más, será un buen puente para fomentar que todos seamos escuchados, tomados en cuenta y que podamos transitar estas fechas tan duras con más amor.

Emilia Galvez Fenton

1 Comentario

  1. Paty Jacob

    Querida Emilia que palabras tan hermosas, serán tan sanadoras para tantas mamás y personas que lean tu mensaje…
    Abrazos de corazón a corazón 💗
    Gracias

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